TESTIMONIOS

Adriana W., voluntaria de trato directo en el hogar Grada desde abril 2018​

Estoy segura y tengo la convicción de que los niños son nuestro futuro, ávido de aprendizaje y cariño. Pero han sido olvidados por nuestra sociedad, muchas veces vulnerados y los que son rescatados de la vulnerabilidad, ni siquiera se les entregan las herramientas necesarias para hacer frente a su desarrollo como ciudadanos que forman parte del sistema chileno. ¿Cómo puedes crecer en un país donde los derechos básicos como ciudadanos son aplicables sólo para quienes tienen recursos económicos suficientes para exigirlos/protegerlos?, ¿Cómo podemos mejorar como sociedad si acallamos a nuestros niños (y también a nuestros adultos mayores), rebajándolos a ser sólo una carga para el país, sin apreciar su aporte natural a un ecosistema civil respetuoso e inclusivo?
Estas preguntas y muchas otras llenaron mi cabeza y sólo quise ayudar de algún modo para hacer mi aporte.

El año 2017 me inscribo en la lista de voluntarios de Fundación Abrázame para ayudar y aportar con cariño, juegos, manos y mucho corazón a hogares que albergan a bebés, niños,niñas y adolescentes que necesitan apoyo constante para seguir creciendo.

Creo que el/la voluntario (a) no tiene nada de especial, no me malentiendan, en efecto es una labor muy linda, sacrificada y desinteresada, lo cual la hace honorable, pero creo que esta labor está intrínsecamente relacionada con nuestras vidas, nuestro tránsito por las calles del crecimiento personal y colectivo como sociedad. Un pueblo es pueblo por quienes lo habitan, y es entre todos los que lo componen donde encontraremos nuestra propia identidad.

Crecer no solo es hacerlo uno mismo, debemos crecer como colectivo, con cada una de las personas que componen un país, y eso incluye necesariamente un aporte voluntario y responsable de cada uno de nosotros.

Siento que el voluntariado a venido a mi vida como un despertar inesperado de algo que se encontraba dormido en mi interior, pero que anhelaba salir en todo momento, el problema es que no sabemos escuchar a nuestro cuerpo.

Somos muy pequeños, y frágiles individualmente, en cambio como grupo humano, trabajando juntos, con y para nuestra comunidad, podemos hacer de nosotros y nuestro entorno algo mucho mejor.

Ser voluntaria de Fundación Abrázame me abrió una nueva puerta llena de amor y respeto por nuestros niños y niñas. Por el pueblo del futuro.

Claudia S., voluntaria de trato directo en el hogar Grada desde enero 2019

Soy una Privilegiada!
En septiembre del año 2016 en medio de un Assessment laboral, la psicóloga a cargo me habló de la Fundación Abrázame de la que me enamoré en ese minuto. Al terminar corrí a casa a inscribirme y esperé casi dos años por un email para nuevas voluntarias y donde se iba informar que hace la Fundación. En esa oportunidad nos comentaron que de 18 mil inscritos se tomaron 500 emails al azar; esa tarde en esa universidad habíamos más de 40 personas. Dada la trascendencia de trabajar con menores el proceso fue largo y acucioso.

Cuando uno desea algo desde el fondo del corazón puede entender esa alegría que lo traspasa todo, eso me pasó cuando recibí el email que ya era parte del equipo!. Luego de ese email vinieron sábados de capacitación que fueron increíbles y el primer día que me tocó asistir, sentía mariposas en la guata….al mirarme desde afuera y hacia atrás en el tiempo, siento que ese día fue como si siempre hubiera pertenecido ahí.

A quien de alguna manera se vea reflejada/o quiero traspasarles a través de estas modestas palabras que la sonrisa pura de un bebé, o el abrazo y miles de besitos de los más pequeñitos cada vez que estás ahí, definitivamente supera con mucho lo que alguna vez pudiera yo  haber imaginado como el mejor de los sueños del alma.

Es curioso..…uno va a compartir parte de su tiempo, a dar amor como lo veo yo, sin embargo sale con el corazón lleno de alegría y cosas puras. Soy una privilegiada.
Un abrazo,
Claudia Sepúlveda F.

Claudia C., voluntaria en el proyecto piloto de reforzamiento escolar en La Protectora de la Infancia para el Colegio Josefina Gana de Johnson

Tuve la oportunidad maravillosa de participar como reforzador escolar en clases de “Ciencias”. Comenzó rápidamente el voluntariado que consistía en hacer clases de reforzamiento escolar una vez por semana a un grupo de niñas que necesitaban consolidar conceptos, en distintas asignaturas. Esta aventura maravillosa comenzó un miércoles, teníamos en sala 7 alumnas niñas (colegio de niñas), pertenecían a 5º de primaria; teníamos que trabajar en dupla

Al decir aventura, quiero referirme, a toda la gama de experiencias, que se fueron dando, a lo largo de estas clases semanales durante 4 meses. Las niñas nos conocieron, mi curso, era un grupo, pequeño que a un comienzo solo eran dos, y después subieron a siete niñas. Ellas eran muy inquietas, con muchas ganas de mostrarse y destacar.
Sin embargo había dos factores importantes, que intervenían en la fluidez de la clases: primero el hambre y segundo, el cansancio. Ambos hacían que las niñas reclamaran por tener hambre y por estar cansadas. Es ahí que junto con mi dupla decidimos brindarles una pequeña colación cada vez que iríamos a la sala de clases (un presupuesto solidario, no calculado, para nosotras).

Para mí fue una grata experiencia, me enseñó a ser profesora, y al tener como ventaja mi profesión [de psicóloga], fue un trabajo muy llevadero, digo ventaja, porque noté que al resto de mis compañeros muchas veces les hacía falta herramientas en psicopedagogía, para afrontar una población diversa, con problemáticas reales, que a su vez, en muchos casos están en situación de vulnerabilidad. Factores que son vivenciados de forma abrupta para algunos sin saber cómo actuar.

Para terminar debo decir que estoy muy agradecida por la oportunidad de formar parte de esta gran familia, dirigida a grupos sociales que merecen ser integrados y respetados en su calidad de ser humano.