Muchas veces podemos escuchar que los jóvenes no “pescan”, solo les interesa cumplir sus metas, y viven felices bajo el individualismo, pero no son todos, hay personas que, desde sus posibilidades y capacidades, buscan ayudar a otros en forma desinteresada y de corazón. Ese es el caso de Jorge Zapata, Psicólogo, Docente y ahora Voluntario de Fundación Abrázame, donde junto a otras profesionales trabaja en talleres que tienen como objetivo ayudar a educar las emociones, estimular la reflexión personal, y los sueños de vida de niños, y adolescentes.

– ¿Cómo nace tu relación con Fundación Abrázame?

Mi primera relación surge al querer participar en el voluntariado, tras conocerlos a través de redes sociales y avisos. Ahí me dí cuenta que Fundación abrázame está siempre dispuesto a recibir y gestionar la ayuda que tanto necesitan nuestros niños, niñas y adolescentes.

En último término, mi relación nace de un deseo del corazón por querer colaborar a quienes luchan diariamente por cuidar, proteger y «reparar» la infancia herida o dañada. Después de los hechos noticiosos acontecidos en los últimos años en materia de protección a los menores, y últimamente en medio de la pandemia, es difícil no querer ayudar a quienes más lo necesitan, sobretodo los más débiles y desprotegidos. 

– ¿Nos podrías contar un poco de tú historia?

Estudié psicología, pero antes ejercí por años la enseñanza, de manera formal e informal; por lo que siempre he estado de alguna manera ligado a la infancia, adolescencia y temas educativos. Y desde la vereda de la educación, siempre que pude (dentro de mis posibilidades), me esforcé en transmitirles (a los niños y jóvenes) valores y el sentido de trascendencia de la vida, más allá de lo inmediato y material. Así como la importancia de la educación como vehículo para la superación personal (material, emocional y existencial) y el cambio social. 

Ahora desde la psicología puedo contar con más herramientas para trabajar y apoyar a las nuevas generaciones.

– ¿Qué significa para tí plantear talleres que buscan dar apoyo a niños y adolescentes en riesgo social?

 Agradezco a la vida la infancia que tuve, y por lo mismo, frente a la difícil realidad actual, lo mínimo que puedo hacer, es devolver con humildad una mano a quienes más lo necesitan. Y esto no sólo es por un sentido de «justicia» social, sino porque a través de acciones como éstas puedo resolver parte de mis propias heridas y deudas (por decirlo de alguna forma), a través del voluntariado o del trabajo en organizaciones sociales.

Significa ofrecer una humilde ayuda en medio de la pandemia, a nuestros niños y jóvenes que complemente el trabajo de cuidadores, tutores, profesores, padres y psicólogos u otros profesionales para los niños, niñas y adolescentes. Estos talleres me permiten acercarme a comprender las necesidades, intereses y motivaciones de los chicos, para poder reforzar, y crear a futuro un mejor programa de apoyo y trabajo con ellos.

– ¿Nos puedes contar sobre estos talleres, los que se crean en tiempos de pandemia, y que se pueden definir cómo psicoeducativos?

Respecto a los talleres, éstos están pensados para ayudar a educar las emociones, estimular la reflexión personal, y los sueños de vida de niños, y adolescentes. Los talleres para niños y niñas, en general tienen el valor de permitir trabajar las emociones y valores mediante actividades lúdicas y artísticas. Los talleres para adolescentes trabajan los sueños, valores y proyectos vitales. Todo en un marco complejo, como es el articular actividades en pandemia semi presenciales o remotas, en colaboración con los cuidadores, voluntarios y los propios niños de los hogares.

-Respecto a las nuevas disposiciones legales de protección a la infancia, ¿Cómo crees que se ha ido trabajando en Chile?

En general se han hecho avances importantes desde el Estado, como la Inclusión Escolar, la Filiación, la creación de la Subsecretaria de la Niñez, y la Defensoría de la Niñez, entre muchos otros. Sin embargo, varias entidades como la misma Unicef, han señalado desde hace años la necesidad de contar con una ley de protección integral a la infancia y adolescencia que renueve la Ley de Menores (de 1967) que no se ajusta a los estándares establecidos por la Convención sobre los Derechos del Niño, situación que sitúa a Chile como el único país en Latino América que no cuenta con un ordenamiento jurídico integral para la niñez y adolescencia.

Respecto al trabajo de las ONG, Universidades y organizaciones sociales con la infancia, hay que destacar los esfuerzos desde hace décadas por «reparar» y proteger a nuestros niños, aún con todas las carencias y necesidades del sistema, empujando en muchos casos cambios sociales y legales respecto a estos temas, lo que habla muy bien de los cientos de personas y profesionales comprometidos con esta noble causa.