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Laura Barbereau, Coordinadora General de Fundación Abrázame, es una mujer amable, que irradia buena onda y lleva varios años haciendo distintos tipos de voluntarios.

Barbereau, aseguró que la solidaridad abre otras perspectivas y desarrolla la empatía, ya que te permite conocer realidades que quizás nunca pudiste conocer y darle otro sentido a tu vida. “El trabajo solidario es lo mejor que se puede hacer, ya que dejas prejuicios y abres tu corazón”, afirmó

“He trabajado con niños en hogares, pero también con personas adictas, personas que viven en la calle, personas discapacitadas física y mentalmente y es importante conocer estas realidades. Dejas de lados muchos prejuicios que puedas tener y abre tu corazón”, relató la Cordinadora.

Laura es francesa y cuenta con un Máster de Gestión de proyectos. Se mudó a Chile por amor y decidió consagrar su tiempo libre a la Fundación Abrázame.

Ella se involucra esencialmente a la organización de los talleres y las actividades en los hogares.

-¿Cómo nace tu relación con Fundación Abrázame?

Empecé en Fundación Abrázame como pasante para mi último año de máster. Hice mis 6 meses en la Fundación y me gustó mucho así que después de volver a Chile, seguí participando.

-¿Qué ha significado para tí esta experiencia?

Ha cambiado mi vida. Primero en lo profesional: me he dado cuenta de lo que quiero hacer en mi vida profesional, que quiero estar en terreno, apoyando a quienes más lo necesitan. Me ha entregado muchas herramientas, es una pequeña fundación con necesidades grandes entonces uno tiene muchas oportunidades de aprender y se puede desarrollar en distintas áreas como profesional. También he desarrollado muchas habilidades: liderar equipos, hablar en públicos, trabajar en equipo y con empresas, comunicar y me ha entregado mucha confianza.

También en lo personal, he confirmado mis ganas de poder adoptar algún día. Uno no participa de voluntario en una fundación por lo que le aporta el voluntariado sino por lo que puede entregar. Y es cuando uno más entrega como persona que también más recompensa se lleva en el fondo. También ser voluntario significa saber trabajar con frustración (no se comprometen las personas, no hay fondo, los procesos son lentos, etc) y eso también es un gran aprendizaje. Como persona y como profesional, he crecido mucho en estos dos últimos años y eso también gracias al apoyo incondicional y a la confianza de Cecilia, la Directora quien siempre estuvo disponible y motivada para que Fundación Abrázame logre alcanzar sus metas.

-¿Existe algún caso de ayuda que recuerdes con más cariño?

Si, muchos. El que más me conmovió fue trabajar con una niña en Renca, la conocí hace 2 años y siempre me ha sido complicado acercarme a ella ya que ella me rechazaba mucho y de manera violenta por toda su experiencia pasada de abandono y negligencia en su familia. Sin embargo, la última vez que fuimos a la playa, llegué primera al hogar, me vio llegar, corrió y me saltó en los brazos, gritando «TIA LAURA, ESTOY TAN FELIZ» y me lloraba de felicidad y alegría de verme. Después de 2 años de visitas regulares, por fin la niña se había abierto a mí.

Eso es lo que siempre tratamos de enseñar a los voluntarios: no son los regalos que cuentan, sino la constancia. Cuando más vas a visitar a los niños al hogar, sin defraudarles, lograrán que se abran los corazones de los niños, aunque sean los que hayan sufrido más.

-¿Le recomendarías a otras personas el trabajo solidario?

Cuando uno puede, es lo mejor que uno puede hacer. Llevo años haciendo distintos tipos de voluntarios y te abre otras perspectivas y desarrolla tu empatía: te permite conocer realidades que quizás nunca pudiste conocer y darle otro sentido a tu vida. He trabajado con niños en hogares, pero también con personas adictas, personas que viven en la calle, personas discapacitadas física y mentalmente, y es importante conocer estas realidades. Dejas de lados muchos prejuicios que puedas tener y abre tu corazón.