María Fernanda Pinto Muñoz, es una mujer entusiasta, llena de vida y apasionada por su trabajo. Se define como hija, hermana, tía, novia, amiga, Abogada, Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales, voluntaria y motivada al cien por la infancia y por el interés superior de cada niño y niña por definición.

Es una Coordinadora de Fundación Abrázame para uno de sus Hogares en alianza, colaboradora activa. Embajadora de la consigna Abrázame, creando experiencias para niños, niñas y adolescentes institucionalizados.

Esta profesional cree que como país nos falta en temas de infancia, pero se está avanzando.

“Hoy estamos logrando cambiar no solo a través de la legislación que falta mucho aun, la mirada proteccionista de ver a los niños como objetos de derecho, a verlos como sujetos de derechos, en cambiar esa mirada de nombrarlos como “menores” de forma peyorativa, porque el lenguaje crea realidad o el típico “es mi hijo o es mi niño institucionalizado, y hago lo que quiera con él” mirado como propiedad, no respetando la autonomía progresiva y reconociendo a los niños como sujetos autónomos e independientes de mí, como cuidador o padre. Hoy se deja de normalizar la violencia infantil como forma de corrección”, afirmó María Fernanda.

-¿Cómo nace tu relación con Fundación Abrázame?

El primer acercamiento fue por redes sociales, al postular al voluntariado para colechar bebés.

Luego recibí llamado de la Directora de Abrázame, Cecilia Rodríguez, para conformar un equipo de profesionales para armar la Fundación en cuanto a lo administrativo- legal se refiere. Empecé ayudando por ahí y luego me sume tras pasar los filtros que tenemos en cuanto a evaluaciones psicológicas se refiere, en voluntariado permanente en un Hogar en la zona oriente de Santiago, uno de los 8 Hogares en que tenemos presencia en la RM, de bebés y niños de 0 a 3 años. Allí definitivamente el logo distintivo fue dar amor y crear experiencias. Y la verdad, hoy hago de todo un poco dentro de los tiempos en que la pandemia nos lo permiten.

-¿Qué ha significado para tí esta experiencia?

Literal “entregar amor de forma desinteresada, y recibirlo sin pedirlo”. Es mi mejor definición, porque el fin primero y último, para mí y para el equipo es y son los niños, y ellos te dan amor de ese bueno, y que nos derrite al ver sus caras cuando accionamos y abogamos por ellos.  También ha significado esperanza, porque la verdad creo en el proyecto Abrázame y en que esto lo podemos cambiar, refiriéndonos a la infancia y a promover y accionar por los derechos de todos los niños, niñas y adolescentes de nuestro país, en el entendido que a quienes apoyamos hoy serán el Chile del mañana.

-¿Existe algún caso de ayuda que recuerdes con más cariño?

Muchos, pero en corazón llevo a tres niños de un centro, a Luciano, Fiorella y Samuel, fueron muy especiales por mi paso en el Hogar en que fui coordinadora. Y hoy, a un par de familias a quienes ayudamos en estos tiempos de pandemia con quiénes mantengo contacto y presto ayuda en lo legal.

-.¿Le recomendarías a otras personas el trabajo solidario?

100%. Es un trabajo hermoso, y que te lleva ineludiblemente al amor, porque cada cosa que uno hace con amor y cariño, se nota y se devuelve, no obstante,  no lo hagas con la intención de recibir, sino que es la clara ilustración que lo que siembras cosechas, y yo creo en un Chile mejor y más justo, y trabajo desde una u otra vereda para que así sea. En Abrázame, uno encuentra una familia y equipo que rema hacia el mismo lado, que te apoyan en tus ideas, talleres o proyectos, creen en ti y tu en el equipo, porque creemos en lo mismo en el interés superior de los niños, niñas y adolescentes.

 

-Respecto a las nuevas disposiciones legales de protección a la infancia, ¿Cómo se ha ido trabajando en Chile?, ¿Y en qué se están enfocando en este momento?

Creo que como país nos falta mucho, pero vamos avanzando, hace un par de años era de una opinión más pesimista en el sentido que los avances no eran sustanciales, hoy vamos avanzando en esa línea.

Hoy estamos logrando cambiar no solo a través de la legislación que falta mucho aun, la mirada proteccionista de ver a los niños como objetos de derecho, a verlos como sujetos de derechos, en cambiar esa mirada de nombrarlos como “menores” de forma peyorativa, porque el lenguaje crea realidad o el típico “es mi hijo o es mi niño institucionalizado, y hago lo que quiera con él” mirado como propiedad, no respetando la autonomía progresiva y reconociendo a los niños como sujetos autónomos e independientes de mí, como cuidador o padre. Hoy se deja de normalizar la violencia infantil como forma de corrección.

Actualmente, existimos sociedad civil organizada trabajando por la infancia, así cómo también existimos abogados, trabajadores sociales, psicólogos, profesores, padres que a diario si aportamos a visualizar este tipo de visión del niño como sujeto de derecho y todo suma en este sentido.

Lamentablemente no ha existido voluntad política para aprobar la Ley de Protección Integral de Derechos de la Infancia, porque no se comprende la importancia practica y legal  de dicho proyecto, de modo de cumplir los compromisos internacionales en materia de protección de niños, niñas y adolescentes y de contar con un instrumento jurídico que posibilite la garantía de sus derechos que se condiga con la Convención de los Derechos del Niño.

Muy penoso, pero se avanza en esta materia en la medida que muere un niño en Chile, lo que no ético ni moralmente correcto, pero es aquí, en donde se les debe exigir a nuestra clase política altura, que muchas veces les falta, y mayor conocimiento a quienes colaboramos en el poder judicial de alguna u otra manera para intervenir con interés real sobre la vida de un niño, niña o adolescente, y no desde la frialdad aquí termina mi horario laboral y me voy a casa a sentarme en mi montaña de privilegios o envío a tal niño a tal hogar y no sé ni siquiera dónde queda el hogar más cerca del tribunal en que trabajo, ni mucho menos cuantas camas hay para recibir un niño.